19 mar. 2018

Límite 24 horas

Se cumplen ya 10 años de mi primera participación en un concurso de cortos en 24 horas. Fue en la Mostra d'Animació i Curtmetratges de Cassà de la Selva (MACCA 2008). En aquella ocasión colaboré con Lluís Hereu en la realización de un falso documental llamado El mètode Swensteiger. El film debía durar un máximo de 2 minutos y, como norma obligatoria, que apareciese una media.

El mètode Swensteiger (Lluís Hereu, 2008)

Con este corto conseguimos el primer premio del concurso, a parte del premio al mejor actor para Joan Pau Pérez.

Este tipo de concursos sirven, sobre todo, para aprender a exprimir al máximo los recursos de los que uno dispone. Puede parecer que 24 horas dan mucho de sí para realizar una película de 2 o 3 minutos (según las bases que sean). Pero lo cierto es que hay saber planificarse y no dejar ningún cabo suelto antes de empezar.

Durante el rodaje de Inútils (2014)

Lo primero y fundamental es tener una cámara con las baterías cargadas. Cualquier otro descuido tiene solución. ¿Olvidaste el sonido? Haz una película muda. ¿No tienes cómo editarlo? Haz un plano secuencia. Pero sin cámara, no hay película.

Lo segundo, los actores. Hay que intentar convocar a más actores de los mínimos que necesitamos, ya que si les surge un proyecto remunerado a última hora, es evidente que no vendrán. Cabe decir que este tipo de rodaje sirve también para formar equipo. Esos actores que siempre se apuntan, sean buenos o malos, aparecerán más adelante en tus proyectos serios.

Los actores de O (2017)

Normalmente en estos concursos incluyen una norma a última hora (para asegurarse de que se realiza durante una jornada y no antes), ya sea la inclusión de un objeto, una frase o rodar en una determinada localización. Pero eso es importante que, si nos presentamos con una idea preconcebida de lo que queremos rodar tenemos dos opciones: asumir que esa idea la deberemos reformular o dejarla para otra ocasión.

Fiblada (2009) y la escobilla de váter

Hay que saber planificarse. Una vez se ponga en marcha el cronómetro, lo primero es redefinir la idea preconcebida o pensar en una nueva. Eso puede hacerse mientras se desayuna tranquilamente, aceptando que cualquiera, sea técnico o actor, puede aportar algo positivo. Para ello, es importante empezar por el final: ¿cómo queremos que acabe? De este modo, todo lo que vayamos ideando va a ir apuntando a esa resolución.

Y a rodar. Desde que tenemos la idea bien perfilada hasta que se nos va la luz del sol (a menos que queráis rodar de noche, nada recomendable si queréis tener tiempo para editar). La pausa para el almuerzo no debe superar la hora y hay que comer ligero.

Almorzando durante el rodaje de Nyiiii! (2017)

Finalmente, llega la hora de la verdad. Hay que poner en orden todo lo que hemos rodado durante el día y echarle imaginación para solucionar los fallos de última hora. Es recomendable tener localizadas librerías de efectos de sonido y saber más o menos la música que vas a utilizar. Todo lo que hayamos hecho con anterioridad nos supondrá un ahorro de tiempo que, a esas horas, es de agradecer. También es importante tener en cuenta que añadir efectos visuales o gradaciones de color especiales va a requerir tiempo de renderización y sería ideal saber de antemano cuánto tiempo va a ser. Así podremos llegar vivos al día siguiente, cuando tenemos que entregar el proyecto.

Día de entrega de Die Experimente (2015)

La virtud que más se precisa para participar en estos concursos es la paciencia. Paciencia con los colaboradores que se desapuntan a última hora, paciencia con los organizadores del festival cuya norma de última hora suele literalmente destrozar la idea de lo que queríamos hacer y, sobre todo, paciencia con los que verán después el film y buscarán con ansias los errores que ya sabes que has cometido.

Mención del jurado a Cabrones (2016)

Por último, ningún corto realizado en 24 horas pasará a la historia. Ganar un premio está bien. Pero no ganarlo no está mal.

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