10 feb. 2018

Regresión. Una vez fuimos niños

La semana pasada asistí a un interesante reencuentro. Hace ya 25 años que acabé COU (hoy llamado 2º de Bachillerato) y el colegio-instituto donde estuve una docena de años de mi vida, Bell-Lloc del Pla, nos organizó una cena.

A lo largo de los años, alumnos que van y vienen, repetidores y demás, los que podrían considerarse de mi promoción (que acabamos en el 93) debíamos ser más de 100. Aunque, por diversos motivos (algunos viven lejos, otros tristemente nos dejaron), en la cena fuimos algo más de la mitad. Entre los ausentes, Albert Serra (al que de niño llamábamos Schuster, por su parecido físico), director de cine conocido más en Francia que aquí (a pesar de haber sido galardonado con algunos premios Gaudí). Quienes sí vinieron fueron dos de mis mejores amigos: Xabier Escuder (con quien rodamos “El Rin”) y Àlex Rivero (obligado a hacer de actor en “Inútils”, “Die Experimente” y “Cabrones”). Es otro nivel.

Foto de grupo

La primera imagen que me vino a la cabeza en el reencuentro fue el final del último episodio de Lost. La vida de cada uno ha dado muchas vueltas. Algunos felizmente casados, esperando su quinta criatura. Otros separados, también con niños. Más o menos gordos, calvos. Alguno más alto o más bajo de lo que recordaba. Médicos, ingenierios, diseñadores, abogados. Todos de nuevo reunidos. Evolucionados, sí, pero con una chispa de infancia que, sinceramente, desearía ver más a menudo en el mundo.


Si cada día puedes vivir un anécdota, 12 años darían para escribir seis temporadas y una película. Cualquier resumen dejaría fuera cosas importantes. Desde aquí deseo el mejor futuro para los que vinieron al reencuentro, a los que no y también a Bell-Lloc, cuyo futuro peligra por ideologías dañinas que pretenden eliminar la formación concertada.

Aprovecho también para felicitar a los organizadores del evento: Josep Prat, Carles Carbó y Joan Casalprim (aunque tal vez me deje alguno).

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